¿Alguna vez te dijeron que estás determinado por tus genes? Que si tus padres o abuelos tenían ciertas enfermedades, tú también las tendrás. La buena noticia es que la ciencia ha demostrado que eso no es del todo cierto. Y aquí es donde entra una palabra poderosa: epigenética.
¿Qué es la epigenética?
La epigenética es una rama de la biología que estudia cómo factores externos e internos pueden activar o desactivar nuestros genes, sin cambiar el ADN en sí. Es decir, no se trata solo de lo que heredamos, sino de cómo vivimos y qué decisiones tomamos día a día.
Nuestros pensamientos, emociones, alimentación, entorno, relaciones, actividad física e incluso la forma en la que gestionamos el estrés tienen un impacto directo en la forma en que nuestros genes se expresan.
Mi experiencia con la epigenética
En febrero de 2025 decidí hacerme un test epigenético. Estaba en un proceso de búsqueda de mayor bienestar, y fue de la mano de Ana María Verónico Ovella que emprendí este camino. Ya tenía en mano mis exámenes médicos anuales, donde aparecían niveles elevados de colesterol, vitamina B12 alta y vitamina D muy baja. Pero lo que descubrí con el test epigenético fue mucho más profundo.
El informe reveló información que me dejó asombrada. Por ejemplo, ciertos alimentos que creía “saludables” para mí —como la espinaca, la lechuga, la piña o el limón— en realidad estaban intoxicando e inflamando mi cuerpo. También me recomendaron eliminar todo tipo de lácteos, salvo los derivados de leche de cabra. Las carnes rojas estaban fuera, y entre las prohibiciones más curiosas, incluso apareció la carne de venado.
El test epigenético evalúa los diferentes sistemas del cuerpo y propone suplementación personalizada. Uno de los aspectos que más me impactó fue cuando Ana María me describió en un estado emocional que yo reconocía muy bien: mi mente volando, mis emociones desbordadas, una especie de montaña rusa interna. Fue entonces cuando me habló del litio. Me sobresalté, claro, porque asocié de inmediato el litio con medicamentos psiquiátricos. Pero ella me explicó que no se trataba de eso. Que en mi caso, era simplemente para nivelar de forma natural ese elemento en mi organismo.
Me embarqué en el proceso con seriedad y disciplina. Compré los suplementos y me preparé para un viaje de 90 días de desintoxicación. Lo interesante es que no lo hice para bajar de peso, pero el resultado fue que mi cuerpo comenzó a desinflamarse. Bajé más de 10 libras, pero lo más importante es que me vi al espejo y me sentí bien: no estaba demacrada, sino vital. Dormía mejor. Las largas noches de insomnio se acortaron. Mi energía cambió.
Todo eso fue fruto de escuchar mi cuerpo desde una nueva perspectiva.
Tú no eres tu destino genético
Durante años se pensó que estábamos condenados por nuestra herencia genética. Pero ahora sabemos que el ADN es como un piano, y la epigenética es el músico que lo toca. Ese músico eres tú. Tus elecciones diarias afinan o desafinan tu bienestar.
Estudios han demostrado que prácticas como la meditación, el ejercicio regular, una alimentación consciente y cultivar emociones como la gratitud tienen efectos epigenéticos positivos. Es decir, activan genes de salud y silencian los que promueven la enfermedad.
La epigenética y el bienestar integral
Desde una mirada holística, la epigenética nos invita a ser co-creadores de nuestra salud. No se trata solo de evitar enfermedades, sino de vivir en plenitud: más energía, más claridad mental, mejor descanso, mayor conexión emocional y espiritual.
Incorporar esta sabiduría en nuestra vida diaria puede ser tan simple como:
- Practicar mindfulness para reducir el estrés.
- Elegir alimentos que nutren y no inflaman.
- Dormir bien y respetar los ritmos naturales.
- Cultivar relaciones y emociones sanas.
- Conectar con la naturaleza y con lo sagrado.
Una invitación a tomar el timón de tu salud
La epigenética no solo es una revolución científica, es también una revolución personal. Nos recuerda que cada uno tiene el poder de influir en su biología a través de elecciones conscientes.
No somos víctimas de nuestro pasado genético, somos jardineros de nuestro presente. Y cada pensamiento, emoción y acción es una semilla.
Hoy puedo decir que haberme escuchado, haber tomado este camino y haberme permitido abrirme a esta nueva forma de mirar mi salud han marcado un antes y un después en mi vida.
Y tú, ¿estás listo para activar los genes de tu bienestar?
